me llamo Almudena Anés y tengo dieciocho años. Escribo y leo desde que era muy pequeña para ser mejor persona. Mi interés en participar en 2 esta iniciativa se sustenta en este principio vital y en la defensa de los derechos y libertades que estas Jornadas abalan. He colaborado con varias revistas y proyectos literarios como La Hoja de Malasaña, la Revista Ágora, El Cocinero del Infierno y Letras & Poesía. También he publicado en dos antologías de Diversidad Literaria y en el libro de relatos de la Editorial Funambulista, Cuentos Sonoros, con los apoyos de la Plaza de Poe y Matadero de Madrid.

Almudena Anés

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LO QUE DEJAMOS EN EL TINTERO

Literatura: Prosa Poética

 

Lo Que Dejamos en el Tintero es un proyecto literario escrito en prosa poética basado en la Guerra Civil Española (1936-1939), las mujeres de la Generación del 27, conocidas como las Sinsombrero, y el poeta granadino Federico García Lorca. Su intención es revalorizar en la actualidad un pasado histórico que todavía escuece y encierra un tema sucio y feo que ha sido el argumento principal de la mayoría de obras artísticas españolas desde finales de los setenta y, sin embargo, no termina de ser contado. Dicho trabajo se ha concebido como el guión para la voz en off de un cortometraje que está en proceso de producción. Se conforma por una serie de textos relacionados entre sí que podrían ser recitados de forma pública en un espacio abierto o cerrado, según se decida, o expuestos al estilo de una exposición con el acompañamiento de imágenes de la época para su ejemplificación real sobre casos acaecidos entonces. En el documento adjunto del correo electrónico, se incluyen varios escritos que irían en el marco de este proyecto. Por otro lado, suelo trabajar temas de amplio espectro pero me centro en la realización de críticas y artículos sobre la guerra, la violencia, el machismo, la injusticia, la mujer, los refugiados, la política, etc.

 

ASTRAL

Almudena Anés

Hay un completo silencio, no se escucha nada, sólo el chapoteo de las olas rozando la barca. Hace frío pero te refugias en el calor de la persona que duerme a tu lado, en su pecho curtido por el viento, en sus manos quemadas. Disfrutas sintiendo la frialdad del agua en tu piel joven, te emocionas con el recuerdo del hogar como otra noche herida en el tiempo que quieres recuperar. Miras las estrellas en el cielo oscuro, en el firmamento nocturno, tan negro como el mar en el que sumerges el continente que encierras dentro. Respiras aire sereno, espacio que llevas escrito y un momento preciso, una vida entera o pedazos de ella. Eres feliz perdida en la inmensidad mediterránea que te concede la soledad y una espalda amada.

Pero, imagina ser otra persona, estar no con un solo hombre, sino con casi doscientos más que quieren salvar la vida, con mujeres y niños que lloran y gritan sin consuelo. Un bote o una lancha de plástico, con algún pinchazo y sin gasolina, el combustible de los del otro lado, la costa ansiada, el continente deseado que no tiene brazos para recibir, sino garras de acero. Y sigues viendo el mismo cielo, tan negro y bello, pero sin estrellas que contemplar ante el miedo de levantar la cabeza y perder el equilibrio, caer al mar y morir en el intento, ahogada de rabia o tristeza. El mismo mar, tan insondable, unas tinieblas calladas que te rodean y te hunden en el olvido huido de la guerra. Nadie hablará de ti mañana, no serás protagonista de los telediarios porque ni siquiera tienes nombre pero también sigues siendo una persona.

Una pierna congelada en el agua para ahorrar espacio y meter a otro más en la barcaza, un calor helado que brota de una espalda excesivamente pegada, un aliento en la nuca y un sudor caducado enfrascado en tu boca. Olor a miedo y a dudas… Terrorífico, piensas, y te recuestas buscando un refugio en el abrazo de tu amado, no llevas casi ropa y viajas con una maleta vacía… Como ellos. Una refugiada más pero no de igual fortuna, y la culpabilidad no es tuya pero está ahí, en tu garganta y arde, junto con las últimas gotas del depósito de la lancha que está a menos de una milla de tu propia historia.

Mañana, cuando salga el sol, Caronte sonreirá porque habrá otra barca más hundida si no hay por la zona héroes sin rostro que la socorran. No quieres ver más cuerpos llegando a la playa, flotando inertes a un paso de la orilla, un espectáculo cadavérico… Así que cierras los ojos y buscas de nuevo refugio… Justo igual que ellos.

Y, en el fondo, ya dormida, te preguntas, si a todos nos gusta más el refugio de unos brazos amigos, con un futuro en una carne ajena o fuera de las calles, ¿por qué sigue pasando esto?

TE DOY MIS OJOS

Almudena Anés

Te doy mis ojos para que me mires y veas tu reflejo en ellos, pero no me dejes ciega. Te doy mi corazón para querernos y cuidarnos, preservar una reserva natural dentro del pecho sin hacernos daño. Las grietas del camino ya se abren solas. Me gustaría ser mejor persona, arrancarme las cadenas y esta piel que quema. Quiero librarme del miedo y ejercer mi libertad como un derecho y no un sueño.

Mis lágrimas continúan cayendo al ritmo de mis pasos hacia la salida, me pesa mucho la maleta. No tengo más espacio para el ruido, tus gritos no volverán jamás conmigo. No eres nadie y perteneces a un todo, somos la suma de las partes ignorantes. Las cosas cambian y el mundo sigue girando, las vueltas que da la vida las mide un caleidoscopio.

Siempre he sido mujer, ayer fui débil, hoy me levanto y mañana me marcho, con la puerta a cuestas y el dolor que los posos de tu amor han legado. No te amo y por eso me voy, con los mismos ojos que son tuyos y son míos, y estas manos que no tienen más dueño que mi sangre, las mismas manos que se sueltan ahora de tu yugo y una vez te acariciaron la espalda.

No soy más valiente pero he vivido más, entiendo que es el momento adecuado de irme, la verdad es que no voy a regresar. Puedes quedarte con los chillidos, los golpes, los insultos y los silencios, puedes mantener el eco de mi voz si te sientes solo. En cambio, yo intentaré disimular mi tristeza con toda mi fuerza de voluntad porque no estoy ni vencida ni derrotada, solamente soy una leona herida. El día en que vuelva a ser quien era o el día en que me conozca, ese será mi objetivo y mi lucha.

Te regalo tu violencia, yo prefiero mis alas.